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publicado el 04/02/2026 12:58 pm

Con calumnias, amenazas o chantajes, al igual que en Baraguá: ¡No nos entendemos!

El rechazo a la caracterización de Cuba como amenaza para la seguridad de Estados Unidos ha sido por estos días tan contundente como argumentado, incluso por personeros que responden a la política imperial de la Casa Blanca. 

El pasado 25 de enero en un inusial artículo sobre las relaciones entre ambas naciones, el medio conservador de derecha "The American Conservative" expuso que "a pesar de las constantes declaraciones en Washington sobre el narcotráfico como una amenaza para la seguridad nacional, la política estadounidense hacia Cuba ignora una verdad incómoda: Cuba es el principal socio de seguridad del gobierno estadounidense en el Caribe". 

"Según el Informe de Estrategia Internacional de Control de Narcóticos de 2024 del Departamento de Estado, señala la publicación, los narcotraficantes evitan la isla debido a la "sólida y enérgica presencia de seguridad" del gobierno cubano, que impide que las organizaciones criminales transnacionales se establezcan allí. 

"Cuba es ampliamente reconocida como un "ejemplo positivo" en la lucha contra el narcotráfico en América Latina, colaborando estrechamente con la Guardia Costera de Estados Unidos y otras agencias estadounidenses para rastrear a los narcotraficantes, compartir información de inteligencia e interceptar las rutas de contrabando que atraviesan la región", subraya "The American Conservative". 

Por si fuera poco, el medio norteamericano afirma que "supervisada por el Secretario de Estado Marco Rubio, un ideólogo neoconservador que se autoproclamó el "arquitecto" de las sanciones de máxima presión iniciadas durante el primer mandato de Trump, la actual política hacia Cuba socava los mismos objetivos y principios que sustentan la Estrategia de Seguridad Nacional".

Una declaración de principios contra el terrorismo

La reciente declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba ha sido bien clara al reafirmar no solo la condena inequívoca de la isla al terrorismo en todas sus formas y manifestaciones, sino el compromiso de cooperación internacional, incluyendo con Estados Unidos, para fortalecer la seguridad regional y global.  

A su vez tal cual reconocen agencias y altos funcionarios de esa nación, la mayor de Las Antillas ha sido consecuente y estricta en su política de tolerancia cero frente al financiamiento del terrorismo y el lavado de dinero.  

Bajo la asesoría de Rubio, la administración Trump ha difamado a la isla con acusaciones alejadas de la realidad. Por ejemplo, la designación de Cuba como "Estado patrocinador del terrorismo" por el Departamento de Estado contradice la opinión generalizada de la comunidad de inteligencia estadounidense.

No existe evidencia creíble de ello; por el contrario hemos sido víctima de atentados perpetrados y financiados por individuos en Estados Unidos. 

"La llamada hoja informativa de Trump, señala un reciente artículo de Cubaperiodistas, acusa a Cuba de alinearse con naciones hostiles, albergar operaciones de inteligencia extranjera y proporcionar refugio a organizaciones terroristas como Hezbolá y Hamás. Estas acusaciones se presentan sin pruebas y se hacen eco de la propaganda utilizada durante décadas para justificar el bloqueo continuo y el aislamiento político de Cuba". 

Lo que sí la Casa Blanca ha practicado con su criminal guerra económica hacia la mayor de Las Antillas, durante más de seis décadas, es el Terrorismo de Estado.

Precisamente un 3 de febrero, pero de 1962, el presidente John F. Kennedy emitió la Proclama 3447* * , con la cual oficializó el bloqueo económico, comercial y financiero contra la Isla. 

Desde entonces la estrategia ha sido invariable: debilitar la vida económica en aras de provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del Gobierno, una política fríamente concebida para sumir al pueblo cubano en la miseria. 

Por tanto, no resulta extraño que además de presentar a Cuba como una amenaza para la la seguridad de Estados Unidos, y así justificar su nueva escalada contra la  Revolución,  Washington haya anunciado la medida extraterritorial, cruel e inhumana, de castigar con aranceles a países que exporten combustible a La Habana. 

Este ataque directo a la energía vital del país: al transporte, la producción de alimentos, la salud y la vida diaria, tiene un objetivo bien claro: torturar al pueblo cubano para forzarlo a la rendición. 

Ni Cuba es una amenaza para la seguridad de Estados Unidos, ni patrocina el terrorismo y más aún, tampoco se rinde ni se doblega ante las calumnias, amenazas y chantajes de la administración de Donald Trump.

Autor: Fidel Benito Rendón Matienzo, del Equipo de Contenidos del Portal del ciudadano 

(Fotos tomadas de Internet)

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