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publicado el 26/08/2025 04:27 pm

La historia que protagonizó el chofer del carro 14617 de la ruta 19 de las Gazelles

Recientemente recibimos un mensaje sobre un gesto de un chofer, el que comparto íntegramente, escribió en su página de Facebook el ministro de Transporte, Eduardo Rodríguez Dávila. 

“En la mañana de hoy, en una jornada marcada por el calor típico del verano habanero y la rutina diaria del transporte público, fuimos testigos de un hecho que merece ser destacado, reconocido y, sobre todo, imitado. En el carro número 14617 de la ruta 19 de las Gazelas, un chófer, cuyo nombre lamentablemente desconocemos, pero que fue fácilmente identificado por su aspecto: blanco, de complexión grande, calvo y con barba, protagonizó una serie de acciones que demostraron un alto sentido del deber, la cortesía y el respeto humano.

El primer suceso se dio cuando el chófer realizó una parada para recoger pasajeros, entre ellos una señora mayor y un hombre joven. Como es habitual en los llamados “gazelas”, los asientos son limitados —tan solo 13 plazas— y se requiere orden y respeto para que el viaje transcurra de manera civilizada. En esta ocasión, el chófer le paró específicamente a la señora mayor, con la intención de ofrecerle el único asiento disponible. Sin embargo, el joven que también abordó el vehículo se apresuró, y con total indiferencia hacia la señora, intentó arrebatarle el lugar, poniendo en riesgo incluso su estabilidad física, a punto de hacerla caer. 

El chófer, con firmeza, pero con respeto, se dirigió al joven y le informó que ese asiento estaba destinado para la señora. Lejos de disculparse, el joven reaccionó de manera irrespetuosa, negándose a ceder el asiento y contestando de forma altanera. Ante esta situación, el chófer mantuvo su compostura y actuó con una serenidad admirable, dejando claro que no iba a tolerar faltas de respeto, y que de ser necesario llamaría a la Policía Nacional Revolucionaria (PNR). Lo hizo saber con tranquilidad, sin elevar el tono, y procedió a hacer la llamada correspondiente desde su móvil. Ante esta acción determinada pero cortés, el joven optó por bajarse inmediatamente del vehículo, dejando en claro que la inteligencia, la educación y la firmeza vencen al irrespeto. 

Lo ocurrido no terminó allí. Minutos después, ya más adelante en la ruta, en la parada de 23 y J, el mismo chófer volvió a dar muestra de su calidad humana. Observó a una joven madre, visiblemente agotada, que cargaba a su bebé recién nacido bajo el inclemente sol del mediodía. La muchacha se encontraba al final de la fila, sin esperanzas aparentes de alcanzar un asiento. El chófer, en un gesto que emocionó a todos los presentes, hizo un llamado respetuoso a los pasajeros, pidiéndole al último hombre que había abordado el vehículo que, por favor, le cediera su turno a la joven madre. 

La respuesta fue inmediata y positiva. El pasajero, sin pensarlo dos veces, cedió su lugar, y la joven pudo subir al taxi con su bebé, aliviada y agradecida. La escena provocó un aplauso espontáneo de todos los pasajeros, quienes agradecieron tanto al pasajero como al chófer por su empatía y sensibilidad. 

Este tipo de comportamientos son los que elevan la dignidad de un oficio que muchas veces no recibe el reconocimiento que merece. El chófer del carro 14617 no solo condujo su vehículo: guiaba con principios, con civismo, con ética y con un profundo respeto por sus pasajeros. En una ciudad donde a veces el día a día parece dominado por la prisa y la indiferencia, es refrescante y alentador encontrarse con personas que nos recuerdan que la educación, la cortesía y la solidaridad todavía tienen un lugar en nuestra sociedad.”

Ante este mensaje, un equipo de Desafío se puso en contacto con el conductor de este carro, Alfredo Avaya Suarez, a quien le comentó sobre el reconocimiento de este pasajero y él afirmó:

“El gesto es algo cotidiano, no es en un momento específico, simplemente es parte de mi personalidad. No es la primera vez, ni será la última porque las personas tienen muchos problemas, están estresadas y nosotros solo podemos ayudarlos y hacerlos sentir de la mejor forma posible.

La ruta Egido y Bernaza – San Agustín es larga, las personas están mucho tiempo esperando un carro y se hacen filas largas. Entonces hay que tener paciencia, y ser justo, ayudar a quienes más lo necesitan y hacer que los demás respeten eso también. Yo he sido chofer muchos años, de guagua antes, y ahora de las gacelas, y el ayudar a las personas tiene que ser lo principal, porque nosotros los ayudamos y ellas nos ayudan a nosotros.”

(Tomado del perfil de Facebook de Eduardo Rodríguez Dávila) 

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