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publicado el 12/03/2021

Maravillas de la ingeniería civil en La Habana

El 16 de noviembre de 2020 la otrora Villa de San Cristóbal de La Habana celebró su 501 cumpleaños, y como expresará nuestro José Martí: "Honrar, honra", hemos querido reconocer a hombres de excepcional ingenio que trascendieron su época: crearon  joyas de la ingeniería civil para La Habana que han contribuido a satisfacer las crecientes necesidades y urgencias de sus moradores. En la actualidad dichas obras continúan garantizando importantes servicios y dan vitalidad a una urbe en permanente desarrollo y transformación.

Gracias a la inventiva de esos ingenieros cubanos ha sido posible, por ejemplo, garantizar por más de un siglo las crecientes demandas en el abasto de agua potable de los habaneros, o contar en la capital, con un sistema robusto que garantizara la limpieza y el adecuado drenaje del subsuelo y de sus aguas residuales.

La primera de esas maravillas es el Acueducto de Albear, considerado una obra maestra de la ingeniería del siglo XIX, que debe su nombre al coronel de ingenieros Francisco de Albear y Fernández de Lara, quien fue su artífice y murió el 22 de octubre de 1887, seis años antes de que fuera inaugurada esta magnífica creación, el 23 de enero de 1893. No obstante, su informe titulado Proyecto de conducción a La Habana de las aguas de los manantiales de Vento, y otros dos que lo complementan elaborados por Albear en 1876,  determinaron que la obra en conjunto fuera premiada con la medalla de oro en la Exposición de París de 1878 por la excelencia del proyecto, digno de elogio hasta en sus detalles.

Esta obra, integrada por el canal de conducción, la red de distribución, una presa, el paso del río, obras en la cañada de Vento, el canal de toma y derivación, el depósito de almacenamiento, su estanque de captación y reunión de los manantiales y la casa y estanque de compuertas y maniobras de los sifones del paso del río, se caracteriza por la precisión técnica, la garantía y seguridad de su funcionamiento que no necesita combustible para realizar su actividad, y solo requiere desinfección mediante cloración.

A más de un siglo de su construcción, el Acueducto de Albear continúa prestando sus servicios a la población de la capital cubana. En la actualidad suministra casi el 20 por ciento del agua que abastece a La Habana. También ostenta la condición de Monumento Nacional.

De igual modo, durante más de una centuria, los capitalinos han utilizado los servicios del Sifón del alcantarillado de La Habana, construcción que figura entre los más relevantes encargos ingenieros realizados en Cuba y que está ubicado bajo del canal de entrada de la bahía capitalina, muy próximo al Túnel de La Habana.

La ejecución del complejo proyecto inició en mayo de 1911 y concluyó en abril de 1912, como parte final del alcantarillado de la ciudad, para trasladar por gravedad las aguas residuales de algo más de 350 mil habitantes que era la población en esos momentos, y tiene capacidad para incrementar esa cifra. Su función concluía al bombear los albañales hasta la zona noreste del litoral.

Presenta una longitud de 375 metros en línea recta. En la construcción del túnel del alcantarillado fue empleado el método de coraza de acero protectora, llamado escudo, y el aire comprimido, que ayudaba en los trabajos de revestimiento de las paredes. La sección transversal escogida fue circular, con diámetro interior de 7 pies (2,10 m), mientras que el espesor del recubrimiento de hormigón simple es de 12 pulgadas (0,30 m). En el lado Habana, el túnel parte desde el Muelle de Caballería (situado en la avenida del Puerto frente a la Plaza de Armas).

Debajo se encuentra la cámara de coladores que posee un pozo vertical para el depósito del material sedimentado. Dicha cámara puede limpiarse por bombeo mediante una tubería de descarga directa de 48 pulgadas de diámetro, que sirve además para casos de emergencia, limpieza y vaciado total del túnel. También se pensó, con gran previsión, que por la baja velocidad de la corriente y el tipo de aguas sucias podían quedar sedimentos suficientes en la parte más baja del sifón, por lo cual se resolvió construir, dentro de su sección de 7 pies y en la parte inferior, un conducto más pequeño que permitiera la limpieza mediante bombeo.

Otro ingenioso proyecto  es el Túnel de La Habana, concebido  para facilitar el tráfico hacia el Este y del Este hacia la capital y Pinar del Río, con el objetivo de evitar así la carretera central y no bordear la Bahía, lo que implicaba más de media hora de recorrido, por carreteras muy estrechas.

Esta vía subacuática, que se encuentra a una profundidad de entre 12 y 14 metros debajo del fondo de la Bahía de La Habana, permite el paso de cuatro pistas de tráfico de 3.35 m de ancho cada una y tiene 733 m de largo y una longitud total de la obra de enlace de más de 1 600 m, que comprende además los accesos Oeste (Habana) y Este (Zona de Peaje).

Fue construido por la compañía francesa Societé de Grand Travaux de Marseille en treinta meses, entre 1957 y 1958, de conjunto con especialistas norteamericanos, bajo la dirección técnica del ingeniero cubano José Menéndez Menéndez. Inaugurado el 31 de mayo de 1958, su carta técnica lo describe como un sistema de tubos de hormigón reforzado capaz de soportar el peso de miles de toneladas de agua, lo cual lo convierte en un medio seguro y eficiente.

Como elementos complementarios del túnel se construyeron dos cisternas de 500 m3 de capacidad cada una para la acumulación de aguas pluviales, las compuertas de seguridad contra ras de mar, la iluminación interior y la ventilación, así como la protección contra incendios.

 El vistoso edificio FOCSA con sus 121 metros sobre el nivel de la calle también se incluye entre las siete maravillas de la ingeniería civil cubana, y es la única de carácter arquitectónica. Construido en la barriada habanera del Vedado, a unos 300 metros del malecón capitalino, el inmueble de  estructura de hormigón tiene 39 pisos desde el cimiento a la torre y es garantía de larga vida.

Al inaugurarse en junio de 1956 era el edificio de hormigón más alto del mundo después del Marinelli, que con 144 metros de altura, dos años antes se alzó en la ciudad brasileña Sao Paulo.

Fue nombrado FOCSA porque cuando comenzó a construirse el inversionista principal fue la compañía Fomento de Obras y Construcciones Sociedad Anónima. Las obras constructivas tomaron 28 meses.

Antes de proceder a su construcción, se realizaron investigaciones en las que se incluyeron consultas a médicos acerca de los efectos que podían producir en los inquilinos las vibraciones y oscilaciones del edificio. Entonces se calculó que azotada por vientos de 240 kilómetros por hora, la parte superior del edificio podría moverse alrededor de 10 centímetros, lo cual no afectaba la salud humana, ni la del inmueble.

Habana 500 ofrece imágenes de estas cuatro construcciones consideradas como las maravillas de la ingeniería civil en La Habana.

 

A más de un siglo de su construcción, el Acueducto de Albear continúa prestando sus servicios a la población de la capital cubana y en la actualidad suministra casi el 20 por ciento del agua que abastece a La Habana. Foto:Internet

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El Acueducto de Albear, debe su nombre al coronel de ingenieros Francisco de Albear y Fernández de Lara, quien fue su artífice y murió el 22 de octubre de 1887. Fue premiado con la medalla de oro en la Exposición de París de 1878 por la excelencia del proyecto, digno de elogio hasta en sus detalles. Foto:Ernesto Castillo

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El Sifón del alcantarillado de La Habana, ubicado bajo del canal de entrada de la bahía capitalina, traslada por gravedad las aguas residuales de algo más de 350 mil habitantes, que era la población en esos momentos, y tiene capacidad para incrementar esa cifra. Foto:Ernesto Castillo

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El Túnel de La Habana, concebido para facilitar el tráfico hacia el Este y del Este hacia la capital y Pinar del Río, con el objetivo de evitar así la carretera central y no bordear la Bahía, lo que implicaba más de media hora de recorrido, por carreteras muy estrechas. Foto:Internet

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El FOCSA con sus 121 metros sobre el nivel de la calle es la única maravilla arquitectónica de la ingeniería civil cubana. Construido en la barriada habanera del Vedado, a 300 metros del malecón, tiene 39 pisos desde el cimiento a la torre y su estructura de hormigón y acero es garantía de larga vida. Foto:Ernesto Castillo

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