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publicado el 14/09/2026 05:34 pm

Cultura para todos en el corazón de La Timba

En el corazón de La Timba, un centro cultural rescata el legado de Juan Padrón y convierte la obra del célebre animador cubano en una experiencia viva para las nuevas generaciones.

En las calles estrechas de La Timba, un barrio antiguo de La Habana, hay un lugar donde el arte no se contempla: se fabrica. Donde los niños no son espectadores, sino protagonistas. Se llama La Manigua, y nació de un sueño compartido entre Juan Padrón y su hija Silvia: crear un espacio donde los valores de Elpidio Valdés —la cubanía, el humor inteligente, la independencia— llegaran a las infancias de hoy.

No es un museo estático ni una sala de cine convencional. Es un laboratorio creativo donde las niñas y los niños experimentan, se equivocan, aprenden y se divierten. "La Manigua fue un sueño, una idea que tuvieron Juan Padrón y Silvia", explica Idianelys Santillano, coordinadora de proyectos. "Pensaron en un espacio que ofreciera a los niños la oportunidad de conectar con lo cultural, de la mano de un personaje que marcó a muchas generaciones".

El centro exige la presencia de un adulto acompañante. No es una limitación, sino una decisión pedagógica: que la familia aprenda junta y lleve luego al barrio lo aprendido. La Manigua no es un destino: es un punto de partida.

Cada rincón de La Manigua habla de un Padrón vivo, que dialoga con los niños de hoy. Elpidio Valdés es, en palabras de Santillano, "símbolo de cubanía, de independentismo, de voluntad, de respeto al otro, incluso de inclusión". Esos valores atraviesan cada taller, cada exposición, cada función.

El equipo, mayoritariamente femenino, imprime una sensibilidad especial: atención a los detalles, cuidado en la programación, apuesta por la calidad frente al facilismo.

Hay exposición, talleres, teatro, música, ludoteca, librería. Hay abuelos emocionados que coleccionaron revistas de Elpidio, niños que lo descubren por primera vez, padres que buscan un plan diferente. En un mundo hiperestimulado, La Manigua ofrece ritmo pausado, contacto humano, sorpresa analógica.

Los niños que pasan por La Manigua aprenden, sobre todo, que la cultura es algo que se hace, no algo que se recibe pasivamente. Y que la manigua, más que un paisaje, puede ser un método para habitar el mundo.

Fuente: La Jiribilla

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