Robo de aceite dieléctrico, un sabotaje contra la población y la economía
A juzgar por recientes informaciones o denuncias publicadas en medios locales y en las redes sociales, el robo de aceite dieléctrico se ha convertido en varios territorios en el principal delito contra el sistema eléctrico, de por sí con serias limitaciones y dificultades harto conocidas.

Desde el Portal del Ciudadano de La Habana hemos escrito el impacto tanto económico como social de tales hechos, para cuyos comisores, incluidos receptadores, el Código Penal establece severas sanciones al tipificarlos como actos de sabotaje.
La sustracción de aceite dieléctrico se realiza principalmente en transformadores eléctricos, el los cuales el líquido cumple funciones de aislamiento y refrigeración, y al extraerlo los equipos pueden quedar fuera de servicio y provocar apagones prolongados.
Donde ha tenido lugar este tipo de delitos se han quedado sin corriente, durante días, comunidades, zonas residenciales e instalaciones estatales, entre ellas, hospitales, centros de bombeo de agua y otros servicios destinados a la población.
El daño ocasionado trasciende lo material y golpea de lleno la vida cotidiana, la alimentación y el bienestar de miles de familias en los asentamientos afectados, sin una fecha precisa para la restitución de la energía eléctrica allí.
Pero también fuentes oficiales han informado de la muerte o fuertes lesiones que han sufrido personas inescrupulosas al intentar robar ese tipo de aceite, cuya reposición es complicada debido a su alto costo y la dependencia de importaciones.
Hechos con consecuencias mortales han tenido lugar, por ejemplo, en Santiago de Cuba.
Precisamente en esa oriental provincia hace unos días, por su presunta vinculación con la receptación de aceite dieléctrico sustraído de transformadores, las autoridades detuvieron a varios individuos, entre ellos, conductores y propietarios de vehículos particulares dedicados al transporte de pasajeros.
Durante las investigaciones se analizaron los combustibles utilizados y se detectaron mezclas de diésel con aceite dieléctrico, diésel con fueloil e incluso fueloil utilizado como único combustible.
No dudamos que tal práctica esté extendida a casi todas las provincias, en unas con más fuerza que en otras, dado que la crisis energética, la escasez de combustible y otras carencias materiales no son exclusivas de uno o dos territorios específicos.
Estamos ante un crimen silencioso que ha ido ganando terreno en todo el país, y cuyas consecuencias no están solo en que destruye equipos de infraestructura crítica, sino que está dejando a miles de cubanos sin electricidad y, lo que es más grave, afecta la estabilidad económica del país.
Pero el enfrentamiento al robo de aceite dieléctrico, y de paneles solares en instalaciones sociales, no puede ser únicamente de la Empresa Eléctrica, de la Policía u otras instituciones.
La batalla se gana al extremar en la comunidad la protección popular sobre los recursos eléctricos, y en exigirle a las administraciones de cada lugar su responsabilidad, la custodia y protección de esos equipos costosos, que garantizan la vitalidad de la producción y los servicios.
Autor: Fidel Beníto Rendón Matienzo del Equipo de Gestión de Contenidos del Portal del Ciudadano de La Habana
Fotos Tomadas de Internet
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