José Martí Pérez: vigencia de sus principios

José Martí Pérez: vigencia de sus principios

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publicado el 08/06/2026 03:58 pm

José Martí y su incansable defensa de la justicia

En ocasión de conmemorarse este 8 de junio el Día del jurista en nuestro país, dedicaremos el trabajo de hoy a resaltar, precisamente, el valor que le concediera José Martí a la justicia, tema que abordó en numerosos discursos y trabajos periodísticos.

En uno de sus escritos publicados en España, país donde vivía en condición de deportado, José Martí subrayó que la verdadera honra solo se alcanza en la satisfacción de la justicia. Advertía que nada resulta más duro y tremendo que arrepentirse de no haber sido justo, cuando la justicia podía evitar la muerte de los hombres.

Tiempo después, en la Revista Universal de México, en la edición del 12 de agosto de 1875, reafirmó que el ser humano se siente más pleno cuando obra con justicia y reverencia. En esa misma publicación insistió en que la justicia no disminuye el valor, sino que lo engrandece.

Martí también reflexionó sobre la naturaleza de la justicia. En 1882, en La Opinión Nacional de Caracas, escribió: “La justicia no ha menester de ser violenta. Como está segura de sí, es sabia”. Cinco años más tarde, en La Nación de Buenos Aires, sostuvo que “un acto de generosidad y de justicia trae a los brazos a aquellos a quienes la aspereza subleva, o mantiene apartados”.

Su pensamiento al respecto fue constante. En 1887, en El Partido Liberal de México, afirmó que la justicia no admite demora, pues quien la dilata la vuelve contra sí. Y en 1892, en carta enviada desde Cuba al editor del The New York Herald, señaló que los pueblos nada tienen que temer de la justicia, sino aquellos que se resisten a ejercerla.

Martí fue consecuente con sus palabras. Su vida entera constituye el ejemplo de un hombre que luchó con tesón para que la justicia social prevaleciera en su tierra natal, una vez liberada del dominio colonial español. En su discurso de Tampa, el 26 de noviembre de 1891, expresó con fervor su gran anhelo: “Es el sueño mío, es el sueño de todos: las palmas son novias que esperan: ¡y hemos de poner la justicia tan alta como las palmas!”.

Ese empeño estaba ligado a su visión del ser humano y a su sencillez al actuar, siempre consciente de que su contribución debía trascender el presente. Lo resumió con claridad: “Yo no necesito ganar una batalla para hoy; sino que, al ganarla, desplegar por el aire el estandarte de la victoria de mañana. ¿Qué dónde estoy? En la revolución; con la revolución”.

Su ideal era la creación de una República en Cuba donde imperaran la dignidad y la justicia social. No pudo verlo realizado, pues cayó en combate en aras de ese propósito. Sin embargo, su vida y su obra no se extinguieron con su muerte, pues su ejemplo y su palabra se convirtieron en fuente de inspiración para que nuevas generaciones de cubanos continuaran la lucha y materializaran el sueño que él había concebido.

(Por Osmar Pérez-Galdós/ Equipo de Gestión de Contenidos del Portal del Ciudadano de La Habana)

(Fotos tomadas de Internet)

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