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publicado el 26/05/2026 02:51 pm

A 34 años de su partida, el legado de Mariano Rodríguez sigue cantando en el gallo cubano

La madrugada del 26 de mayo de 1990, el arte cubano perdía una de sus voces más indómitas. A los 77 años, fallecía en La Habana Mariano Rodríguez Álvarez, uno de los pilares de la segunda generación de la vanguardia histórica de la isla. Pero ni la muerte ha podido apagar la cresta encendida de sus gallos ni el trópico violento de su paleta.

Nacido en la capital cubana el 24 de agosto de 1912, Mariano supo temprano que el arte de la Isla debía sacudirse el polvo del academicismo decimonónico. Sus años de formación en México durante los años 30 le confirmaron una urgencia: pintar como quien funda un territorio. En 1944, el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) lo incluyó en la mítica muestra Modern Cuban Painters, consagrando su despegue internacional.

Su pincel fue campo de batalla. En él convivieron el expresionismo, la síntesis cubista y una sensualidad desbordada. El guajiro, las frutas tropicales y las arquitecturas habaneras dejaron de ser motivos decorativos para transformarse en estructuras de resistencia cultural. Su paleta rojos estridentes, amarillos cegadores, azules profundos atrapó la violencia lumínica del trópico como pocos.

Pero si algo inmortalizó a Mariano fue el gallo. Aquel animal se convirtió en su laboratorio formal: plumas descompuestas, espuelas dinamitadas por la línea, un trasiego constante entre la figuración y la abstracción. “El gallo es emblema ético y viril del pueblo cubano”, solía decir. Obras como Guajiro con gallo o Pelea de gallos (ambas de los años 40) testimonian esa búsqueda de una síntesis identitaria tan cubana como universal.

Tras el triunfo de la Revolución, Mariano extendió su influencia más allá del lienzo. En 1980, tras el fallecimiento de Haydée Santamaría, asumió la presidencia general de la Casa de las Américas, cargo que ocupó hasta 1986. Desde allí, impulsó el intercambio intelectual latinoamericano en momentos de fuerte aislamiento diplomático para Cuba.

A 34 años de su muerte, el legado de Mariano Rodríguez sigue vivo en las colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana y en cada retrospectiva que revisa su impacto en la modernidad artística del continente. Su gallo sigue cantando.

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