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publicado el 20/05/2026 12:20 pm

Cien años preservando el español

Pocas cosas definen con tanta hondura lo que somos como las palabras con las que nombramos el mundo. En el español de Cuba habita una parte irrenunciable de nuestra identidad. Velar por ese tesoro, estudiarlo sin solemnidades vacías y hacerlo circular ha sido la misión de la Academia Cubana de la Lengua, que este 19 de mayo cumplió un siglo exacto de existencia. Un aniversario que la institución ha decidido celebrar no como un punto de llegada, sino como una excusa para volver a empezar.

Para entender el peso de este siglo de historia, conversamos con su actual director, Jorge Fornet, quien nos recuerda que, aunque la fecha oficial marca su nacimiento en 1926, la institución realmente echó a andar meses después. Fue en una reunión el 2 de octubre de aquel año, en la sede de la Academia de la Historia, donde un grupo de intelectuales encabezados por Enrique José Varona, Fernando Ortiz, Carlos Loveira y el joven Jorge Mañach dieron el impulso inicial.

Desde entonces, la corporación atesora hitos que Fornet califica como decisivos: su reconocimiento oficial como institución consultiva en 1951, bajo el liderazgo de José María Chacón y Calvo; y la entrada, en 1957, de Dulce María Loynaz, quien se convertiría en la primera mujer miembro de número y, años más tarde, en su principal directora y animadora.

Con un guiño a su espíritu viajero, el director recuerda que, tras décadas de itinerancia, fue Eusebio Leal quien en 2010 les ofreció sede permanente en el Colegio de San Gerónimo, sin que por ello abandonaran su «nomadismo» por otras plazas del país.

Sin embargo, una institución así no se mide únicamente por sus efemérides, sino por la capacidad de permear la cultura cotidiana. A lo largo de estas décadas, la Academia Cubana de la Lengua ha impulsado ciclos de conferencias sobre figuras y temas de nuestra literatura, ha creado la colección «Letra y Espíritu» —bajo los sellos de Ediciones Boloña y la Editorial UH— y ha defendido, a veces contra circunstancias adversas, su vocación de espacio de encuentro.

“Lamentablemente, los momentos son poco propicios para tales labores, pero de ningún modo vamos a renunciar a esa zona indisoluble del sentido mismo de nuestra existencia”, afirma Fornet con determinación. Y es que la Academia ha sido, durante diez décadas, mucho más que una guardiana de la norma. Ha funcionado como un punto de contacto vivo entre escritores, periodistas, estudiantes y todos aquellos que buscan en la palabra precisa una herramienta de expresión y libertad.

Con el centenario, esa vocación de puertas abiertas se intensifica. La Biblioteca Nacional ya ha digitalizado la colección completa del Boletín —un muestrario de los estudios lingüísticos y literarios en Cuba— y acaba de presentar en sus Ediciones Bachiller el volumen Discursos de ingreso a la Academia Cubana de la Lengua, compilado por Arturo Arango.

Se suman además nuevos miembros de número —los doctores Félix Julio Alfonso López, Rafael Acosta de Arriba y Zaida Capote Cruz—, que llegan a enriquecer un trabajo que es esencialmente colectivo.

El acto central de este 19 de mayo dio paso a un ciclo de encuentros públicos en los que los académicos compartirán sus pasiones, lecturas de poesía; un conversatorio sobre el arte de narrar, una mesa redonda sobre los vínculos entre historia, lengua y literatura, y un panel dedicado al desempeño lingüístico y al papel de la corporación.

Tampoco faltó la convocatoria a un concurso de carteles ni la preparación de una edición conmemorativa de Paradiso, coordinada por Roberto Méndez, que aparecerá el próximo año dentro de la prestigiosa colección de la ASALE.

Otros proyectos en marcha reflejan el mismo espíritu de renovación. La Revista Universidad de La Habana ultima un número monográfico sobre la Academia Cubana de la Lengua, mientras que las académicas Elina Miranda y Lydia Castro concluyen el volumen Apuntes para una historia de la Academia Cubana de la Lengua.

Pero quizás ninguna novedad encarna mejor la voluntad de incidir en la vida cotidiana como el primer Diccionario infantil de la corporación. Un repertorio de orientación escolar que, tras una exhaustiva revisión, se encuentra en etapa final de diseño y verá la luz este año bajo el sello de Ediciones Boloña. “Nuestro deseo es que se convierta en una herramienta de consulta en las escuelas, y también que acompañe a sus lectores en los dispositivos móviles, como un compañero al que recurrir ante cualquier duda”, expresó el director de la institución.

La conmemoración no se agota en mayo. El 2 de octubre, justo cuando se cumpla el centenario de aquella reunión constitutiva que realmente echó a andar el trabajo académico, se develará una tarja alusiva en el Palacio O’Farrill, el lugar exacto donde todo comenzó.

El azar ha querido que este año corresponda también a realizar elecciones para elegir una nueva Junta de Gobierno y un nuevo director. Dado que las celebraciones se extenderán por varios meses, ocurrirá un hecho singular, la Junta y el director salientes encabezarán el inicio de los festejos, mientras que los entrantes se ocuparán del cierre. Para Jorge Fornet, no hay metáfora más perfecta: «No se me ocurre mejor modo de encarar el centenario. Será un cierre que es, en realidad, un nuevo comienzo».

Porque eso es, a fin de cuentas, una lengua viva, un río que nunca termina de pasar. Y esta academia centenaria parece haberlo entendido como que nadie, y es que la mejor manera de honrar cien años es preparar, desde ya, el terreno para los próximos cien.

Fuente: Cubavisión Internacional.

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