Instituto Confucio de La Habana: enseñanza del chino mandarín y legado de la migración del siglo XIX
En 1847 arribó a Cuba el primer barco con trabajadores chinos contratados para laborar en las haciendas. Con ellos llegaron costumbres, cultura y su idioma, principalmente el dialecto cantonés. Debido a la necesidad de entenderse en el entorno laboral, muchos comenzaron a incorporar palabras del español a su rutina diaria. Con el paso del tiempo, el cantonés quedó restringido al ámbito doméstico o a las conversaciones entre los propios migrantes.
La primera generación conservó el uso de la lengua. La segunda empezó a mezclarla con el español. Para principios del siglo XX, la mayoría de los descendientes directos ya no hablaba el idioma de sus antepasados. Aunque este dejó de tener presencia activa en la calle, su influencia quedó registrada en el habla popular de Cuba mediante la adopción de frases y vocablos específicos.
Tras más de un siglo de uso limitado, la enseñanza formal regresó a la capital mediante una iniciativa académica, no migratoria. El Instituto Confucio de la Universidad de La Habana, inaugurado el 30 de noviembre de 2009, surge de un convenio de colaboración entre la Universidad de Lengua y Cultura de Beijing y la casa de altos estudios cubana.

Geydi Fundora, directora actual del centro, comentó cómo este se ha consolidado como el principal punto de referencia para el aprendizaje del mandarín en el país. «Se trata de una entidad sin fines de lucro que cuenta con un programa académico regular de cinco años. Está dirigido a estudiantes mayores de 18 años y cubre los niveles desde Básico 1 hasta un dominio avanzado», explicó.
Ubicado en el corazón del Barrio Chino habanero, la fundación del Instituto supuso una oportunidad para que muchos descendientes retomaran el contacto con la lengua de sus ancestros. Jorge Antonio Alay es uno de esos casos: «Al inicio la cantidad de profesores y alumnos era reducida, pero en la medida en que se conoció la oferta, las matrículas se incrementaron significativamente».

El interés por este idioma trasciende los límites del Barrio Chino e incluso de la capital. No obstante, gran parte de los nuevos ingresos proviene de las facultades de Lenguas Extranjeras del territorio nacional. Para profesionales como los traductores recién graduados, el dominio del mandarín constituye una herramienta concreta de crecimiento laboral. «Estrechar lazos con ese país es una motivación más que suficiente», afirma Sheyla Urguellez, alumna del nivel Básico 1.
Las relaciones entre Cuba y China superan los vínculos comerciales y económicos. En este aspecto, los estudiantes también encuentran un incentivo especial. «El interés actual por aprender mandarín responde a varios factores. Por un lado, está el atractivo de una cultura de larga trayectoria histórica. Por otro, el papel de la República Popular China como actor relevante en la economía y la política global», expresó Alexander Romero, estudiante de nuevo ingreso.

A pesar de que el cantonés dejó de transmitirse de forma generacional en el siglo pasado, su paso por la isla dejó huellas en el vocabulario popular. Ciertas expresiones que aún se utilizan en Cuba son testimonio de aquel contacto lingüístico iniciado a mediados del siglo XIX. En la actualidad, el trabajo del Instituto Confucio se enfoca en la enseñanza del chino mandarín estándar y en la difusión de la cultura contemporánea del gigante asiático, abriendo así un nuevo capítulo en el vínculo idiomático entre ambas naciones.
Texto y fotos por Cynthia Ibatao Ruiz.
Fuente: Cubavisión Internacional.