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publicado el 25/02/2026 04:25 pm

Félix Varela, el maestro de cubanía: a 172 años de su muerte

En la historia de Cuba hay nombres que no solo se recuerdan, sino que se piensan. Félix Varela y Morales es uno de ellos. Al cumplirse este 25 de febrero el 172 aniversario de su muerte, ocurrida en 1853 en San Agustín de la Florida, la Isla vuelve la mirada hacia aquel sacerdote que, con su filosofía y su ejemplo, encendió la luz de la independencia y la justicia social mucho antes de que la nación existiera como república.

Nacido en La Habana en 1788, Varela fue mucho más que un hombre de fe. Fue un filósofo que introdujo las corrientes más modernas de su tiempo, un educador que revolucionó la enseñanza al proclamar que "se debe aprender a pensar", y un político que, desde las Cortes españolas, se atrevió a proponer la autonomía para Cuba y a denunciar la esclavitud, ganándose el exilio y la condena perpetua de la corona.

Su vida es la historia de un hombre que consagró su existencia a la formación de conciencias. En el aula del Seminario de San Carlos enseñó a sus discípulos entre ellos, a los futuros artífices de la independencia como José Antonio Saco que la virtud cívica era inseparable del conocimiento. Fue el primero en enseñar Física y Química en el país, pero su principal cátedra fue la del amor a la verdad y a la patria.

Perseguido por sus ideas independentistas, Varela partió hacia Estados Unidos, donde vivió un exilio que duraría más de tres décadas. Lejos de acallar su voz, la distancia la amplificó. En una tierra extraña, y a pesar de no dominar el inglés al principio, se convirtió en un párroco querido en Nueva York, atendiendo a los inmigrantes irlandeses e hispanos más humildes en medio de una ciudad hostil.

Fue allí, en el exilio, donde continuó sembrando los ideales de justicia y humanidad. Fundó periódicos como "El Habanero", semillero del pensamiento independentista cubano, donde defendió los derechos humanos, la abolición de la esclavitud y la necesidad de romper los lazos coloniales. Varela entendía que la libertad de Cuba no era un capricho político, sino un derecho natural de sus hijos.

A 172 años de su partida física, la vigencia de Varela no reside en estatuas o discursos protocolares. Reside en su llamado a pensar por cuenta propia, en su defensa radical de la dignidad humana y en su incansable labor con los más necesitados.

Cuando en 1911 sus restos fueron repatriados desde Florida, el pueblo cubano lo recibió en La Habana con los honores de un héroe. Hoy, el Padre Varela es ese faro que ilumina las horas inciertas: el hombre que nos enseñó que el amor a la patria y la defensa de los derechos humanos son las dos caras de una misma moneda.

Recordar a Félix Varela es recordar la lección fundamental que impartió desde su cátedra y su ejemplo: el primer paso para ser libres es atreverse a pensar.

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