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El discurso que llevó la voz de Cuba al mundo

En septiembre de 1960 el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, al frente de la delegación cubana, llegó a la ciudad norteamericana de Nueva York para asistir a la XV Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en un contexto internacional marcado por la Guerra Fría, la descolonización y las tensiones entre Estados Unidos y la naciente Revolución cubana.

El día 26 de los citados mes y año, pronunció un extenso y relevante discurso que está considerado como uno de los más importantes de su trayectoria política. La intervención ocurrió poco más de un año después del triunfo de la Revolución y Cuba enfrentaba entonces crecientes presiones diplomáticas, económicas y políticas de Washington, mientras el Gobierno revolucionario impulsaba en la Isla una transformación del sistema político y social heredado de la etapa anterior.

Desde el inicio de su intervención, Fidel denunció las amenazas a las que estaba siendo sometida nuestra nación y calificó de hostil la política asumida por parte del imperialismo yanqui tras el triunfo revolucionario del primero de enero de 1959.

Recordó las restricciones impuestas a la delegación cubana que asistía al evento y cuestionó que se intentara aislarla durante su estancia en Nueva York, obligándolos a abandonar uno de los hoteles de Manhattan y a terminar hospedándose en el Hotel Theresa, en el barrio pobre de Harlem.

Significó: “Cuando nosotros fuimos obligados a abandonar uno de los hoteles de esta ciudad, y nos dirigimos hacia la sede de las Naciones Unidas, mientras se hacían otras gestiones, hay un hotel, un hotel humilde de esta ciudad, un hotel de los negros de Harlem, que nos dio alojamiento. La respuesta llegó mientras nosotros conversábamos con el señor Secretario General. Sin embargo, un funcionario del Departamento de Estado hizo todo lo posible por impedir que nosotros nos alojásemos en ese hotel”. En su opinión, esas medidas reflejaban el trato desigual que las grandes potencias podían imponer incluso dentro de una organización creada para promover la igualdad entre los estados.

Uno de los ejes del discurso de Fidel fue la historia de la dependencia cubana. Evocó la intervención estadounidense en la guerra hispano-cubana, en 1898, la posterior ocupación militar y la imposición de la Enmienda Platt. Para el Líder histórico de la Revolución, la mencionada Enmienda había convertido la independencia formal de nuestra nación en una soberanía limitada. En relación con ello resaltó: “Y en aquella Ley se establecía que la Asamblea Constituyente de Cuba debía llevar un apéndice, en virtud del cual, le concedía al Gobierno de los Estados Unidos, el derecho a intervenir en los problemas políticos de Cuba y, además, el derecho de arrendar determinados espacios de su territorio para estaciones navales o carboneras”.

Más adelante, ante la Asamblea, hizo referencia a las características del proceso revolucionario en Cuba. Se refirió a la reforma agraria, la reducción de los alquileres y las tarifas eléctricas, la nacionalización de empresas y la ampliación de la educación y la salud públicas. Puntualizó: “El Gobierno Revolucionario ha construido en ese breve período de tiempo, 25 mil viviendas en las zonas rurales y urbanas; 50 nuevos pueblos están surgiendo en este momento en nuestro país; las fortalezas militares más importantes albergan hoy decenas de miles de estudiantes, y, en el próximo año, nuestro pueblo se propone librar su gran batalla contra el analfabetismo, con la meta ambiciosa de enseñar a leer y escribir hasta el último analfabeto en el próximo año, y, con ese fin, organizaciones de maestros,  de estudiantes, de trabajadores, es decir, todo el pueblo, están preparándose para una intensa campaña y Cuba será el primer país de América que a la vuelta de algunos meses pueda decir que no tiene un solo analfabeto”.

El discurso incluyó una fuerte denuncia contra la intervención extranjera en América Latina y otras partes del mundo. Acusó al imperialismo yanqui de apoyar acciones destinadas a derrocar al gobierno cubano y de utilizar su influencia económica y militar para presionar a otros países, y sentenció: “¡Desaparezca la filosofía del despojo y habrá desaparecido la filosofía de la guerra! ¡Desaparezcan las colonias, desaparezca la explotación de los países por los monopolios, y entonces la humanidad habrá alcanzado una verdadera etapa de progreso!”.

La intervención de Fidel se produjo en un momento de cambios dentro de la propia organización, pues ese año ingresaron numerosos países africanos recién independizados, lo que modificó el equilibrio político de la Asamblea General. Casi 20 años después, en octubre 1979, el Líder histórico de la Revolución cubana volvería a hablar en la sede de las Naciones Unidas, en esa oportunidad en nombre de los países No Alineados, en su carácter de Presidente de dicho movimiento.

Equipo de Gestión de Contenidos del Portal del Ciudadano de La Habana

(Fotos tomadas de Internet)

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