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publicado el 09/05/2026 06:09 pm

En el Día de las Madres: Felicidades a las guerreras de casa

Es el segundo domingo del preciado mes de mayo, y en Cuba celebramos el Día de las madres, una jornada en la que exponemos en lo más alto de nuestro podio diario, a la mujer (las mujeres) que nos acompaña cada día en las transformaciones de nuestro entorno y constituyen un vivo y perenne ejemplo de firmeza, amor, ternura y sacrificio.

Son ellas, las madres, quienes en estas horas duras y difíciles de Cuba, asediada por un genocida bloqueo energético, económico y comercial, las que sostienen los hogares, y se llenan de valor y palabras para enseñarnos el significado del amor y el sacrificio.

Son ellas, fuentes de vida y bondad, valerosas, mambisas como Mariana, defensoras de la Patria, capaz de pedirle a uno de sus bisoños adolescentes: … ¡Y tú, empínate! Y crece para que te incorpores a luchar por la Libertad de Cuba.

Nuestro Héroe Nacional “José Martí” escribió que las madres son amor, no razón, son sensibilidad exquisita y dolor inconsolable y también precisó que toda madre debiera llamarse maravilla.  Asimismo, en un trabajo publicado en La Opinión Nacional de Caracas, en su edición correspondiente al 15 de abril de 1882, argumentó con total belleza que los brazos de las madres son cestos floridos

Algo nos guía y ampara mientras ella no muere

Martí, en otro de sus trabajos periodísticos, en este caso en el periódico Patria, el 25 de junio de 1892, expuso el gran valor que le atribuyese a la existencia de las madres al señalar: “No cree el hombre de veras en la muerte hasta que su madre no se le va de entre los brazos. La madre, esté lejos o cerca de nosotros, es el sostén de nuestra vida. Algo nos guía y ampara mientras ella no muere. La tierra, cuando ella muere, se abre debajo de los pies.”

De manera muy especial Martí patentizó su gran amor y respeto por su querida madre Doña Leonor Pérez, incluso fue  capaz de reflejar estos sentimientos en poemas, cartas y otros trabajos. 

Particularmente muy emotivas son las dos últimas misivas que Martí le dirigió a su progenitora en las que le ratificó su decisión de dar su contribución al desarrollo de la causa de la independencia de Cuba.

En la penúltima, fechada el 15 de mayo de 1894, le expuso que mientras hubiera obra qué hacer un hombre entero no tenía derecho a reposar y le manifestó seguidamente: “Preste cada hombre, sin que nadie lo regañe, el servicio que lleve en sí.”.

También en la citada carta le significó al referirse a cómo concebía su existencia: “Mi porvenir es como la luz del carbón blanco, que se quema él, para iluminar alrededor. Siento que jamás acabarán mis luchas.”

Del sentido que le atribuyese al deber y al sacrificio y el grado de compromiso que tenía con la liberación de su tierra natal, Martí igualmente trató en la última carta que le escribió a Doña Leonor Pérez.

Fechada el 25 de marzo de 1895 en ella le patentizó que estaba en vísperas de un largo viaje y que en ese momento estaba pensando en ella.

Al respecto le aseguró: “Yo sin cesar pienso en Ud. Ud. se duele, en la cólera de su amor, del sacrificio de mi vida; y ¿por qué nací de Ud.  con una vida que ama el sacrificio? Palabras, no puedo. El deber de un hombre está allí donde es más útil.”

Tras patentizarle que con él iría siempre “en mi creciente y necesaria agonía, el recuerdo de mi madre”, le señaló en la parte final de esta misiva: “Abrace a mis hermanas, y a sus compañeros ¡Ojalá pueda algún día verlos a todos a mi alrededor, contentos de mí! Y entonces sí que cuidaré yo de Ud. con mimo y con orgullo. Ahora, bendígame, y crea que jamás saldrá de mi corazón obra sin piedad y sin limpieza. La bendición.”

Montaña en la tormenta, y valle en la calma, toda ternura y bondad porque no se transfigura. Así son las madres que nos definen, las que nos defienden, que son además de madre, hermanas, hijas, nueras, suegras, abuelas, tías. Que además de madre son científicas, médicas, campesinas, obreras, técnicas, innovadoras, maestras, informáticas, estudiantes, directivas. Todas, como afirma el poeta Miguel Barnet en uno de sus más recientes escritos; “empujando un país”.

El líder histórico de la Revolución Cubana, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, define el rol de la mujer cubana, en el contexto de la Revolución, una estrategia que definió desde la creación de FMC, aquel glorioso 23 de agosto de 1960 cuando afirmó:

“Y hoy se reúnen las mujeres y constituyen esta federación de Mujeres Cubanas unidas en esa palabra, “Cubana”, y unidas en esa bandera que llevan en sus manos. Y se han unido para trabajar; para trabajar y para luchar; se han unido para todas las tareas que la Revolución nos trae, se han unido para la lucha y se han unido para el trabajo; se han unido para ayudar  a la Patria en cualquier circunstancia.”

Este domingo de mayo, estamos junto a esas guerreras de la casa, que nos cuida y es hoy por hoy nuestro estandarte que nos confirma que vivir en familia, siempre valió la pena.

 

Por: Víctor Pérez-Galdós y Salomé Campanioni – Equipo de Gestión de Contenidos del Portal del Ciudadano

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