News

Rating 0 - Votos (0)

9 visitas

publicado el 06/05/2026 03:16 pm

¡Cruceros sí, portaviones no!

Por enésima vez el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, decidió amenazar a la República de Cuba. Marca un patrón de conducta desde que arribó a la presidencia, en enero del 2025, evolucionando desde la aplicación de nuevas sanciones y el recrudecimiento del bloqueo, hasta la amenaza militar abierta, todo matizado con su proverbial manera prepotente y siempre fiel a la mejor mentira de ocasión.

Esta vez lo hizo en una de sus zonas de confort, en la barriada exclusiva donde vive, es decir en una cena privada en West Palm Beach, rodeado de la crápula mayamera y otros millonarios, convocados, claro, para recaudar plata para los candidatos republicanos, a las elecciones congresionales del próximo noviembre.

Por tanto, sino fuera porque lo dice el comandante en jefe de las huestes militares imperiales, no tendría mayor mérito que una fanfarronada para agradar los oídos de los potenciales financistas, algunos de ellos, familiarmente comprometidos con regresar a Cuba a antes de 1959; no importa que ni remotamente piensen volver ellos, ni invertir ni nada que se le parezca, pero bueno, creen hacer honor a su legado y a la siempre generosa industria de odio contrarrevolucionario.

La propia declaración belicista en sí misma es un disparate, en términos prácticos y en especial técnico militar, es decir, ubicar a tiro de un tirapiedras un costosísimo navío cargado de aviones y otros cosas, cuyo diseño justamente es para poder atacar a un enemigo, lo más lejos que las leyes de la física lo permitan.

De entrada lo dicho por el Jefe Trump debe interpretarse como una promesa de tufillo electorero, sin aplicación práctica aunque sí con una fuerte carga subliminal dado que, de las veces que sugirió intervenir en Cuba, en modo enigmático, ya se ha explicado, está última probablemente ha sido la más diáfana; sin embargo, paradójicamente es justo eso lo que le resta credibilidad casi absoluta, porque describe una acción inviable, absurda, más allá de lo despreciable que sea.

Sumado a lo anterior hay otras cuestiones que merecen repasarse si, llegado el caso, el portaviones Abraham Lincoln es fondeado frente al malecón habanero o cualquier otro pedazo de costa soberana cubana. Y la más obvia es que con ello virtualmente le daría un parón al flujo marítimo en el Estrecho de la Florida.

Para el capitán Daniel Jacob Keeler, comandante del Lincoln, y sus altos jefes, debería quedar claro una obviedad: si usted hace una guerra, desplegando navíos en el Estrecho de la Florida, lo más posible es que quede atrapado bajo el “síndrome” del Estrecho de Ormuz. Y como se ha visto hasta ahora, Irán evidentemente tiene un arma “nuclear” poderosísima, tiene el control del Estrecho de Ormuz.

¿Qué supone interrumpir el movimiento normal en el Estrecho de “Ormuz floridiano”?, por decirlo de alguna manera representativa. Primero que todo, interrumpe en pocas horas/días el movimiento marítimo comercial de numerosos puertos estadounidenses, ubicados estratégicamente, en la Florida o en el Golfo de México, o Golfo de América,  para que Trump entienda.

Por este corredor oceánico, de apenas 90 millas aproximadamente, transita alrededor del 70% de toda la mercancía que se importa/exporta o de cabotaje, que consume el sur estadounidense; imagínese, son miles de millones de dólares, millones de toneladas. Es como si el susodicho Lincoln hubiera generado de ayer para hoy una pandemia tipo Covid en pocas horas. 

De que se habla aquí, que Trump anunció que piensa, o mejor dicho dijo sin pensarlo francamente, que prevé paralizar parcial o totalmente el movimiento portuario en Port Miami, Port Everglades, Port Cañaveral y JAXPORT en las costas de la Florida, así como Port of Houston, Port of South Louisiana y Port of Corpus Christi, estos en el estado de Texas. Es decir, ambos territorios de dominio republicano.

Que se mueve aquí: alimentos y commodities agrícolas, supercontenedores con miscelania, combustible y portadores energéticos, que incluye también gas, vehículos, logística militar y espacial, recuerden, en la zona esta Cabo Cañaveral, a unos 600 km al norte de Varadero. Vaya, que hasta la NASA quedaría impactada por las andanzas del Lincoln. También el cierre impactaría en la industria pesquera, el transito normal de la guardia costera y sus misiones anti narcotráfico, así como investigaciones científicas y ambientales. Y esto no es todo.

Los cruceros, la industria turística de cruceros, es decir, el pollo del arroz con pollo, francamente. Porque si algo o alguien usa a sus anchas el Estrecho de la Florida, son los cruceros. Qué significa esto; anualmente como promedio son alrededor de 30 a 37 millones de cruceristas, que dejan ganancias por unos 10 mil millones de dólares, solo en la Florida, dígase que un tercio del total mundial calculado en 30 mil millones; además pueden perderse unos 2 millones de empleos vinculados a esta industria en este Estado, “tierra republicana” no se olvide, antes de las elecciones de noviembre. 

Y para los más ricos, también habría su cuota de “sacrificio”, si Washington insiste en “cambiar el régimen” en La Habana, a punta de bayonetas. Sí, porque el otro flujo que se interrumpiría o afectaría sería el de los yates de lujo, que tienen en el Estrecho de la Florida uno de los espacios marítimos más utilizados. Igual, millones de dólares de pérdidas, miles de empleos menos.

Potencialmente se derrumbarían negocios de yates, que ahora son super prósperos, sobre todo en Port Everglades, el número 1 en exportación de los llamados “motorboast and yachts, también los que se operan desde las marinas de Miami, Fort Lauderdale y los Cayos, donde están disponibles unas 1200 embarcaciones para alquilar, destacándose la flota de ChartesLux, que cobra 125 dólares por hora y 1 500 las 4 horas. Se pueden sacar las cuentas que se quieran, el ejemplo es solo ilustrativo.

Si alguno de los beneficiarios, dueños y grandes accionistas de estos lucrativos negocios, estaban en la cena en West Palm Beach, cuando Trump indicó que enviará a las costas cubanas al Lincoln, es muy probable que no sean de los que aplaudieron o rieron, según se escucha en los audiovisuales profusamente divulgados.

No se trata de una especulación. Como corresponde, grandes firmas de cruceros como Royal Caribbean International o Royal Caribbean Group, así como el mandamas de la Carnival Corporation, son reconocidos financistas del Partido Republicano en la Florida y otros estados. También otros aportantes, que tienen inversiones en la industria turística como Blackstone, o los calificados como “mega aportantes”, por caso Miriam Adelson (casinos y resorts) o Ronald Lauder (Estée Lauder), que aunque su fuerte son otros rubros, aparecen diversificados también en los sectores que sufrirían mayor impacto.

En resumen, al Jefe Trump deberían advertirle que convertir, Lincon mediante, al Estrecho de la Florida en una especie de Estrecho de Ormuz caribeño, supondría un desastre mayúsculo para la economía estadounidense, sobre todo la del sur del país, con especial efecto en territorios republicanos, hay que insistir en ese “detalle”.

A estas alturas del campeonato, con la deriva hacia el estancamiento estratégico de la guerra contra Irán, es muy difícil prever si finalmente el Lincoln visitará Cuba, en zafarrancho de combate; o incluso si finalmente Trump decide “tomar Cuba” por la fuerza. Ya se ha visto, las condiciones políticas internas son muy desfavorables para que el inquilino de la Casa Blanca inicie otra guerra, que como se ha explicado antes y demostrado aquí, tiene como principal problema para ellos, la cercanía con el sur de la Florida.

Hasta la propia y supuesta base social, eventualmente de origen cubano, que podría apoyar esta aventura bélica, se debate entre la ansiedad por terminar con la Revolución que tienen algunos, de raigambre anexionista, con la paradoja que francamente no les importa Cuba, y los que apoyan una relación normal con el país donde nacieron, probablemente una mayoría, que prefiere ser silenciosa, para evitar represalias.

Alguien dijo con razón, que los dichos del Jefe Trump terminan ayudando a Cuba, en el terreno comunicacional. Efectivamente es así; y no solo los dichos sino como explica las medidas genocidas que toma contra los cubanos, como el recrudecimiento del bloqueo energético.

Es el propio Trump el que anuncia una invasión militar, es quien presume que dejara sin combustible a Cuba, con absoluto desenfado, usando el término “bloqueo”, pues resulta imposible negar la crueldad de la política exterior estadounidense, contra su vecino en el Estrecho de la Florida. Cualquier observador “neutral” se daría cuenta de donde está el lado aborrecible de esta historia.

En este punto está la situación. Desde el pasado 10 de abril, no hay nuevos trascendidos de las conversaciones entre La Habana y Washington; incluso los arrebatos verbales de Trump, hasta podrían formar parte de su conocida táctica de amedrantar, para obtener dividendos. Lo cierto es que la postura de las autoridades cubanas, con Lincoln y sin Lincoln, sigue siendo la misma: dialogo entre iguales, sin injerencia, tranquilos, concentrados en enfrentar los acuciantes problemas, que el tal bloqueo provoca en la economía nacional.

También está el asunto de cerrar el Estrecho de la Florida; pero nadie debería culpar a Cuba, ni siquiera tiene un portaviones para fondearlo frente a Cayo Hueso.

Se sabe cuando una guerra empieza, pero no como termina, y a tenor de lo ocurrido en Irán, ni siquiera como sigue al siguiente día, o qué ocurre cuando alguien lanza un misil para un territorio, y después el atacado devuelve la agresión con los propios; y a solo 90 millas, sería un verdadero desastre, para empezar para el negocio de ChartesLux, la de la flota de yates de lujo. Es pura especulación, la vida dirá.

Así que bien podría buscarse una solución, a manera de consigna movilizadora, con efecto inmediato en ambas orillas del Estrecho de la Florida: ¡cruceros sí portaviones no! La experiencia acumulada al respecto, hasta que Trump lo prohibió en su primer mandato, habla por si sola. Se recomienda que tomen nota algunos de los aportantes a los republicanos, arriba mencionados.

Si vienen cruceristas al malecón, bienvenidos sean; pero si vienen US marines, dejaran sus botas, con los pies dentro, en tierra cubana. Guerra avisada no mata soldados.

(Tomado del Portal Cubasí)

Your opinion matters
Leave your comments

When you make your comment, note that

  • You must not use offensive words.
  • It must be in relation to the topic.
  • It must published comply with the above policies to be published.




0 comments inserted