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publicado el 18/03/2026 12:54 pm

La Protesta de los Trece: El grito fundacional de la intelectualidad cubana contra la corrupción

El 13 de marzo de 1923, un grupo de trece jóvenes intelectuales cubanos irrumpió en la Academia de Ciencias de La Habana para llevar a cabo un gesto que quedaría grabado en la memoria histórica de la nación: la Protesta de los Trece. Liderados por el poeta Rubén Martínez Villena, aquellos jóvenes no solo desafiaron al gobierno de Alfredo Zayas, sino que sentaron las bases del pensamiento crítico cubano frente a la situación neocolonial que atravesaba el país.

El grupo estaba integrado por destacadas figuras de la cultura cubana: junto a Martínez Villena se encontraban Juan Marinello, Francisco Ichaso, José Antonio Fernández de Castro y Alejo Carpentier, entre otros. No eran políticos profesionales, sino poetas, ensayistas y periodistas que comprendieron que la situación del país exigía una postura ética inaplazable.

La protesta se enmarca en una época de corrupción dominante, donde el presidente cubano Alfredo Zayas y Alfonso compró, con fondos del estado, el viejo Convento de Santa Clara de Asís a un precio escandaloso, en una época en que la economía cubana estaba en muy mal momento.[1] La trascendencia del hecho se debe a que fue la primera expresión política de los intelectuales cubanos, como grupo definido, a través de la cual quedó pactado su compromiso con el destino de la Patria en la próxima década.

La Protesta de los Trece no fue un hecho aislado. Sus consecuencias inmediatas incluyeron la creación de la Falange de Acción Cubana y, posteriormente, el Grupo Minorista, que aglutinaría a lo más grande del pensamiento cubano de la época. También sentó las bases para el movimiento de reforma universitaria que estallaría ese mismo año.

A más de cien años de aquella tarde histórica, la Protesta de los Trece sigue siendo un referente insoslayable. Demostró que los intelectuales no podían permanecer ajenos a los destinos de la nación y que la dignidad nacional era un valor superior a cualquier consideración gremial o personal. Los trece jóvenes que doblaron una bandera aquel domingo también estaban desplegando, sin saberlo, la bandera de la conciencia crítica cubana para las generaciones venideras.

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