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publicado el 09/01/2026 11:30 am

Cuatro nombres, una trinchera, la memoria viva de los mártires de Tarará

Treinta y cuatro años después, el mar de Tarára parece guardar aún el eco de los disparos. Cuba conmemora hoy el asesinato de cuatro jóvenes combatientes Yuri, Orosmán, Rafael y  Rolando quienes, en la madrugada del 9 de enero de 1992, fueron ultimados mientras cumplían su misión de vigilancia y defensa de las costas de la localidad habanera.

Las víctimas fueron el soldado Orosmán Dueñas Valero, de las Tropas Guardafronteras; el sargento de tercera Yuri Gómez Reinoso, de la Policía Nacional Revolucionaria; y el custodio Rafael Guevara Borges, quienes fueron atacados a traición y acribillados a balazos. El sargento de primera Rolando Pérez Quintosa, miembro de la Policía Nacional Revolucionaria, resultó gravemente herido en el ataque y falleció semanas después a causa de sus lesiones.

El contexto de los hechos se remonta a los difíciles años 90, marcados por una profunda crisis económica. Estados Unidos intensificó sus esfuerzos por promover la salida ilegal de cubanos, ofreciendo incentivos y apoyo logístico a quienes intentaban abandonar el país mediante una constante Guerra Mediática y políticas de azuzamiento.

Este clima de tensión generó un aumento de los actos vandálicos en las costas cubanas, incluyendo robos, secuestros de embarcaciones y ataques a las fuerzas de seguridad.

La juventud cubana fue herida por la violencia, pero sus mártires se multiplicaron en la memoria del pueblo, la muerte de estos jóvenes no se recuerda como un capítulo de odio, sino como un llamado perenne a la resistencia y a la defensa de la soberanía.

Yuri, Orosmán, Rafael y Rolando han trascendido sus identidades individuales para encarnar, en el discurso oficial, los valores de la “joven guardia” revolucionaria: entrega, vigilancia y disposición al sacrificio supremo. Su historia se reactualiza cada enero no solo como un acto de duelo, sino como una lección de patriotismo para las nuevas generaciones.

Su sacrificio nos convoca a defender siempre la paz y la dignidad. Esta paz, no es pasiva, sino una “paz con soberanía”, vigilante y firme frente a lo que Cuba considera amenazas constantes.

A 34 años de aquella noche trágica, el recuerdo de los cuatro jóvenes de Tarará permanece activo. No como una reliquia del pasado, sino como un símbolo mobilizador en el presente, un recordatorio de que, para la Isla, la defensa de sus costas –físicas e ideológicas– es un deber eterno y un precio que, como demostraron Yuri, Orosmán, Rafael y Rolando, algunos están dispuestos a pagar hasta las últimas consecuencias.

Fuente: Perfil de Facebook Razones de Cuba

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