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La milagrosa, una leyenda de amor y esperanza

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20060119182404 la milagrosaComienza a despertar curiosidad la devoción de José Vicente y las historias que cuenta sobre su amada, el relato del bebé transportado a los brazos de su madre en la tumba, la impactante escultura que contribuye al ambiente sacro, y comienza poco a poco a tejerse la historia de santidad de "La Milagrosa". La tumba comienza a recibir innumerables visitas bajo las protestas del viudo, que pide a las autoridades detenga este flujo de visitantes.

Pero la apasionante leyenda ya está en progreso, se le adjudican favores a la difunta dama, el brillo de santidad se extiende. Con el cursar de los años llegan nuevos adeptos de todas partes. Varios milagros son atribuidos por la población a la nueva santa, desde el poder concebir hijos hasta los buenos partos. Desde entonces, son miles los que la visitan en su morada eterna en busca del tan ansiado milagro, como lo atestiguan las flores acumuladas alrededor del sepulcro, y las lápidas con mensajes de agradecimiento.

La tradición consiste en saludarla, haciendo sonar una de las cuatro argollas de metal que adornan la bóveda, y tocando la parte inferior de la imagen esculpida. Los visitantes le dan la vuelta a la tumba y van solicitando su petición, siempre cuidando no darle la espalda a la estatua mientras se recorre el reducido espacio que ocupa. Se le otorga a "La Milagrosa" grandes y milagrosos poderes, al punto de que muchos han pedido su canonización por parte de la Iglesia Católica.

Pero el nacimiento de La Milagrosa como tal ocurre en 1904, cuando —dicen— que se exhumó su cadáver y se encontró su cuerpo intacto y con el feto en los brazos, en vez de en los pies, como se aseguraba estaba colocado al momento de ser enterrados. Con tales ingredientes comenzó a crecer la leyenda, al extremo de que el viudo protestó por la afluencia de personas que venían a interrumpir su plática con Amelia. Sobre todo, cada día acudían más mujeres embarazadas a solicitar "su ayuda", y algún tiempo después, las madres con hijos enfermos.

El panteón de La Milagrosa estaba siempre cubierto de flores, y a José Vicente no le quedó otra alternativa que compartir su dolor con aquellas oleadas de personas que le solicitaban el favor de estar junto a Amelia y, a cambio, le prometían una gratitud eterna. A mediados de 1941 falleció José Vicente y sus restos fueron depositados en el mismo panteón de la hacía 40 años desaparecida esposa. Pero a estas alturas la leyenda de La Milagrosa se había robustecido, manteniéndose el ceremonial impuesto.

"Nunca se le debe dar la espalda a una dama, y menos si esa dama es mi esposa amada" dijo José frente a la tumba de Amelia, con el sombrero negro en la mano y el semblante triste.

Actualidad

Hoy el panteón de La Milagrosa es punto de reunión de quienes están convencidos de sus poderes sobrenaturales. A fines de los 80 un grupo de estudiosos llegaron a la conclusión de calificarlo como "un culto popular espontáneo, no institucionalizado". Al investigar a fondo las partidas de exhumaciones practicadas en 1904, apareció un dato sorprendente: Amelia Goyri de Adot, por voluntad expresa del viudo, no había sido exhumada y mucho menos compartió la sepultura con la criatura extraída de su vientre. O sea, la leyenda comenzaba a presentar sus primeras grietas.

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