Desaparición del diamante del Capitolio Nacional de Cuba

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Creado: Viernes, 30 Noviembre 2018 15:57
Escrito por Desoft - La Habana
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diamante

Muchos cubanos desconocen el horrible final de Nicolás II y su familia, masacrados por los bolcheviques, aquel terrible día 17 de julio de 1918. El diamante no estaba entre las joyas saqueadas a la familia real.

Quién sabe por qué caminos, la prenda había llegado a Francia, a manos de una duquesa. Un joyero turco nombrado Isaac Estéfano, radicado en La Habana, logró despertar el interés de María Jaén, alias “María Centén” (esa es otra historia) en el brillante. Viajó el joyero a París y a su regreso, a la primera dama le pareció demasiado el pago de $17 000 y se arrepintió de comprarlo.

Como un detalle, la duquesa que vendió el diamante a Estéfano, murió diez días después de la transacción y un ruso que sirvió como intermediario, quedó ciego tras ser agredido. Al joyero turco le fue bien mal. Sus negocios no prosperaban y en un momento tuvo que empeñar la gema por solo cuatro mil pesos. También fue objeto de varios asaltos por ladrones que pretendían robar la pieza.

Tras la construcción del Capitolio Nacional de Cuba, el ministro de Obras Públicas, Carlos Miguel de Céspedes, se interesó en la joya, que fue vendida por doce mil pesos. Nueve mil fueron reunidos en una colecta pública y los otros tres mil los puso Carlos Miguel de su bolsillo.

El 20 de mayo de 1929 se inauguró el edificio y ya estaba montado, con un hermoso engarce, el que ya se conocía como “Diamante del Capitolio”, que marcaba el kilómetro cero de la Carretera Central. La joya se robó la atención de todo el público congregado allí.

El 25 de marzo de 1946 el brillante volvió a ser noticia al ser robado de su nicho. Un escrito con lápiz en el piso decía: “2:45 a 3:15 – 24 kilates”. Pasaron los meses y el 2 de junio de 1947, un sobre apareció misteriosamente en el despacho del presidente Grau, dentro del mismo estaba el diamante robado.

En 1973 se sustituyó el diamante por una réplica alegando cuestiones de seguridad y se guardó en una caja del Banco Central de Cuba. No se ha permitido nunca a ningún periodista, después de esa fecha, tener una prueba gráfica de la real situación de la gema.